Viento. Tercera parte/Wind. Part 3

Susana jadeó y trató de zafarse, pero las afiladas garras del tigre la lastimaban aún más a cada movimiento. Reconoció de inmediato aquel jadeo grave que provenía de la garganta del que fuera aquel ser humano que ella había idolatrado años antes. Con su varonil presencia, ella se derretía y se lanzaba a sus pies perdonándole infidelidades, rudezas, desatinos e insultos; el sólo hecho de estar a su lado la hacía sentir deseada, hermosa.

Pero tanto daño psicológico la había dejado flaqueando y sin personalidad, pues sólo había vivido para él. Aún no comprendía cómo había tenido las agallas de haberlo abandonado para siempre; quizás una pizca de amor propio en su inconsciente la había hecho reaccionar y la había llevado a liberarse de una vida de sufrimiento e insensatez eternos. No recordaba con claridad cómo había sucedido, todo en su memoria aparecía borroso y sin sentido, pero ahora se sabía casada con un buen hombre que la cuidaba y la respetaba.

Todos estos pensamientos pasaban como ráfagas de viento por su mente mientras luchaba por separar al hombre gigantesco que la apretaba contra su cuerpo con furia y deseo incontrolables. Escuchó cómo su bata de seda se rasgaba violentamente y, de pronto, se descubrió desnuda, tendida en la cama, a merced de su agresor.

Susana cerró los ojos esperando ser atacada cuando un aullido ensordecedor y profundo salió de su garganta; se zafó de una mano y empezó a asestarle de golpes y arañazos en el rostro al agresor mientras se revolcaba en la cama soltando patadas y alaridos. El enorme hombre se detuvo, dio un brinco para incorporarse y abrió la ventana para dar un brinco hacia afuera del cuarto, dejando que una ráfaga de viento frío entrara en la habitación, al mismo tiempo de que Jaime entraba apurado por la puerta para ver qué era lo que sucedía. Susana se abalanzó a sus brazos gimiendo y llorando.

- ¡Es él!, ¡es él otra vez!- exclamó desesperada.

- Tranquila, no ha pasado nada. Estás desnuda, debes tener frío.

- No me crees como siempre, ¿verdad?- continuó-. ¡Quiso atacarme!

- Tómate estas pastillas, todo va a estar muy bien- le pidió Jaime mientras le extendía un vaso con agua y dos tabletas blancas que ya tenía preparadas.

Ella, obedientemente y con las manos temblorosas, las tomó de inmediato. Jaime besó su frente, le ayudó a colocarse una nueva bata y a acostarse en la cama. Las pastillas surtieron efecto y Susana cayó profundamente dormida. Jaime salió de puntitas de la habitación.

Una vez en el pasillo, se encontró con un enfermero somnoliento que tomaba un café.

- ¿Otra vez las alucinaciones de la paciente, doctor Jaime?- preguntó.

- Así es. La esquizofrenia de esta mujer es cada vez más grave. Sólo puede estar bajo los efectos de los tranquilizantes.

- ¿Volvió a rasguñarse y a arrancarse la ropa?

- Todo indica que así fue.

- Y ¿sigue diciendo que usted es su esposo?, ¡qué suerte tiene, doctor!

-Sí, tan bella mujer, es una pena. Ese monstruo, quienquiera que haya sido, la dejó enferma de por vida. Me hubiera gustado conocerla antes. Así es esto.

Y los dos compañeros, vestidos de blanco, se fueron en silencio a recorrer los tenebrosos pasillos del hospital psiquiátrico, mientras el viento seguía azotando con fuerza las ventanas de la habitación de Susana.


English version:


Susana gasped and tried to get away, but the sharp claws of the tiger hurt her more with every movement. She recognized immediately that deep gasp that came from the throat of the human she had idolized years before. With his manly presence, she melted away and threw herself at his feet, forgiving infidelity, rudeness, mistakes, and insults; just being next to him made her feel wanted and beautiful.


But so much psychological damage had left her weak and without personality, for she had only lived for him. She still didn’t understand how she had had the guts to leave him forever; perhaps a hint of self-love in her unconscious made her react and led her to free herself from a life of eternal suffering and madness. She didn’t clearly remember how it had happened, everything in her memory seemed blurry and meaningless, but now she knew that she was married to a good man who cared for and respected her.


All these thoughts passed like gusts of wind through her mind, as she struggled to free herself from the gigantic man who pressed her against his body with uncontrollable fury and desire. She heard her silk robe tear violently and suddenly she found herself naked, stretched out on the bed, at the mercy of her aggressor.

Susana closed her eyes, expecting to be attacked, when a deep and deafening scream came from her throat; she released one hand from his grip and began to beat and scratch the attacker’s face as she rolled on the bed kicking and screaming. The huge man stopped, jumped to his feet and opened the window to leap out of the room, letting a gust of cold wind enter the room, at the same time that James rushed through the door to see what was happening. Susana threw herself into his arms, whimpering and crying.


“It’s him! It’s him again!” She exclaimed desperately.

“Calm down, nothing has happened. You are naked, you must be cold”

“You don’t believe me as always, right?” She continued. “He tried to attack me!”

“Take these pills, everything will be fine” James told her as he handed her a glass of water and two white tablets he had already prepared.


She took them obediently and with trembling hands. James kissed her forehead, helped her put on a new robe and lay down on the bed. The pills worked and Susana fell deeply asleep. James tiptoed out of the room.

Once in the hallway, he ran into a sleepy male nurse having coffee.


"The patient's hallucinations again, Dr. James?” He asked.

“Indeed. This woman's schizophrenia is getting more serious. She can only be under the influence of tranquilizers”

“Did she scratch herself again and rip her clothes off?”

“Everything indicates that she did”.

"And does she keep saying that you are her husband? How lucky are you, doctor!"

“Yes, such a beautiful woman, it's a shame. That monster, whoever he was, left her sick for life. I would have liked to meet her before. It is how it is”.


And the two companions, dressed in white, went in silence to walk the dark corridors of the psychiatric hospital, while the wind continued to beat strongly the windows of Susana's room.



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