La Cleptómana. Parte 1 / The Kleptomaniac. Part 1

Salí de la tienda precipitadamente y a punto de soltar la carcajada. Estaba lloviendo torrencialmente y me estaba empapando por tratar de disimular mi prisa, así que decidí apurar el paso hacia mi auto que estaba estacionado en un lugar estratégico. Subí rápidamente, aventé mi enorme bolsa de mano en forma de morral en los asientos traseros y encendí el coche. Aún volteé a ver si alguien se había dado cuenta de lo que acababa de hacer, pero sólo alcancé a distinguir, entre la lluvia, a un hombre de baja estatura que estaba observándome desde dentro de la tienda recargado en una puerta de cristal. Traté de ignorarlo y me dirigí hacia la salida del estacionamiento con un poco de temor al pensar que aquel individuo podría reportarme con los encargados de la caseta y ellos podrían detenerme antes de salir; traté de borrar de mi mente esa idea y encendí mi radio, pero me di cuenta de que el encargado que me recogió el boleto se quedó observándome detenidamente, sonreí fingiendo tranquilidad, pero él no me devolvió la sonrisa, al contrario, siguió mirándome con curiosidad. Selló mi boleto y, malhumorado, levantó la pluma para que yo saliera, me sentí aliviada, y me alejé a toda prisa. Una vez a salvo comencé a reírme a carcajadas; y ya en la tranquilidad de mi recámara abrí mi bolsa y desparramé su contenido en la alfombra, había logrado meterle varias cremas antiarrugas, de las marcas más caras, durante mi breve visita a la nueva tienda de productos importados; también unos bronceadores y bloqueadores, esos los conseguí en una tienda de autoservicio que está dentro de un centro comercial; ahí mismo visité una de las tiendas departamentales, de ahí había tomado tres brassieres recién llegados de Brasil. Finalmente, de una tienda de discos y libros, y en las narices de todos, tomé tres libros de horóscopos e interpretación de los sueños que necesitaba para mi programa de radio del día siguiente. ¡No podía creer que la gente se tragara eso de que interpretaba los sueños! Lo malo es que ya había tanta demanda, que ya no era posible seguir sacándome de la manga los significados. En fin…me puse a sumar los precios de mis adquisiciones y en total me había robado mil trescientos pesos, y eso que no había contado los chocolatines que me comí en la tienda de autoservicio. A la mañana siguiente me dirigí contenta a trabajar. Al llegar a la cabina me encontré con que Agustín, mi compañero, ya estaba al aire y tuve que sentarme a esperar mi turno. Él saludó al auditorio, luego a mí y me invitó a integrarme al programa, también saludé al auditorio y luego vino un corte comercial. En ese momento Agustín me comentó que se sentía mal porque se había tomado aquellas pastillas que yo le había regalado, haciéndole creer que eran afrodisíacos cuando en realidad se trataba de un medicamento para mujeres con problemas hormonales y que además ya había caducado. Cuando empecé a reírme y le confesé que le había jugado una broma, se levantó de su asiento y salió de la cabina, cuando volvió, continuó él solo con el programa, sin dirigirme la palabra ni permitirme que interviniera en él. Cuando le reclamé me dijo que estaba harto de mis bromas y de mi forma de ser. Traté de quitarle el mal humor diciéndole que ya había conseguido los libros de horóscopos y el de la interpretación de los sueños; él, aún molesto, me preguntó que para qué gastaba mi dinero en cosas que ni yo me creía, y que cuánto había sido. Traté de evadir su pregunta diciéndole que no me acordaba de lo que había gastado. Vi una extraña expresión en su rostro, no sabía si era de incredulidad o de desconfianza, pero todavía le dije que a mí no me interesaban los precios, él me dijo que ya se había dado cuenta de eso y de que muy seguido estrenaba ropa y perfumes, y que a menudo se preguntaba cómo le hacía para procurarme tantos lujos. Evadí esa última observación mostrándole “una partecita” de mi brassiere brasileño. Volvió a preguntarme que cómo le hacía, que ganábamos el mismo sueldo y que a él no le alcanzaba para ningún lujito. Le contesté que era maga, que yo aparecía cosas. De pronto me dijo que, hablando de aparecer, que si ya había regresado aquellos papeles con información confidencial que había yo tomado la semana pasada del escritorio del jefe y las programaciones que ilícitamente les ‘pasaba’ a mis cuates de la radiodifusora que competía en rating con la nuestra. Me suplicó que los devolviera porque lo habían culpado a él. Yo ya ni me acordaba de ese incidente ni del lugar donde había dejado aquellos papeles y se lo dije. Agustín me dijo que era casi un delito lo que había hecho y que podían meterme a la cárcel por eso, que lo mío era como una enfermedad, tontamente le conteste que nunca me habían cachado. Al decir eso, Agustín me preguntó sorprendido que cómo estaba eso de que nunca me habían cachado, que si eso significaba que lo hacía a menudo. Me desconcerté un poco pero luego, tratando de aparentar tranquilidad, le dije que era una broma. Él continuó, y hasta me dijo que, por eso, si no me metían a la cárcel, al menos podrían correrme del trabajo, le contesté que el viejo raboverde con cara de bull dog -refiriéndome a nuestro jefe- qué podría hacerme. Agustín se quedó pensativo unos minutos y luego me dijo que comenzaba a imaginar de dónde sacaba yo todas esas cosas tan caras, me reí y estuve a punto de confesarle todo, pero luego reflexioné y le dije que eso más tarde se lo contaría. En ese momento me di cuenta de que la luz verde del tablero estaba encendida, lo cual significaba que el operador, quien tenía apenas dos semanas con nosotros, había escuchado todo. El tipo nos miraba interesado.


English version:

I hurried out of the store and almost bursted out laughing. It was raining torrentially and I was getting soaked trying to hide my haste, so I decided to speed up to my car that was parked in a strategic place. I got in quickly, tossed my huge bag onto the back seats, and started the car. I turned to see if anyone had realized what I had just done, but I could only make out, in the rain, a short man who was watching me from inside the store leaning against a glass door. I tried to ignore him and headed towards the exit of the parking lot with a little fear at the thought that this individual might report to the booth managers and they might stop me before leaving; I tried to erase that idea from my mind and turned on my radio, but I realized that the attendant who picked me up the ticket was watching me closely, I smiled pretending to be calm, but he did not smile back, on the contrary, he kept looking at me with curiosity. He stamped my ticket and, grumpily, raised the barrier for me to come out, I was relieved, and I hurried away. Once safe I began to laugh out loud; and in the tranquility of my bedroom I opened my bag and spread its contents on the carpet. I had managed to put several anti-wrinkle creams, from the most expensive brands, during my brief visit to the new imported products store; also some suntan lotion and sunscreen, I got those in a self-service store that is inside a shopping center; Right there I visited one of the department stores, from there I had taken three bras that had just arrived from Brazil. Finally, from a record and book store, and on everyone's face, I grabbed three horoscope and dream interpretation books that I needed for my radio show the next day. I couldn't believe that people bought that thing about interpreting dreams! The bad thing is that there was already so much demand, that it was no longer possible to keep pulling meanings out of my sleeve. Anyway ... I started to add up the prices of my purchases and in total I had stolen 1,300 pesos, and that I had not counted the chocolates that I ate in the self-service store.

The next morning I was happy to go to work. When I got to the booth, I found that Agustín, my partner, was already on air and I had to sit down to wait my turn. He greeted the audience, then me and invited me to join the program, I also greeted the audience and then a commercial break came. At that time Agustín told me that he felt bad because he had taken those pills that I had given him, making him believe that they were aphrodisiacs when in reality it was a medicine for women with hormonal problems that was already expired. I started to laugh and confessed that I had played a joke on him, he got up from his seat and left the booth, when he returned, he continued with the program by himself, without speaking to me or allowing me to intervene in it. When I complained to him he told me that he was fed up with my jokes and my way of being. I tried to take the bad mood out of him by telling him that he had already got the horoscope books and the dream interpretation books; He, still upset, asked me why I was spending my money on things that I didn't even believe, and how much it had been. I tried to evade his question by telling him that I didn't remember what I had spent. I saw a strange expression on his face, I didn't know if it was incredulous or mistrustful, but I still told him that I was not interested in prices, he told me that he had already realized that and that he would wear new clothes very often and perfumes, and that he often wondered how he managed to provide me with so many luxuries. I evaded that last observation by showing him "a little part" of my Brazilian bra. He asked me again how I managed to buy that, that we earned the same salary and that he was not enough for any luxury. I replied that I was a magician, that I appeared things. Suddenly he told me that, speaking of appearing, that if I had already returned those papers with confidential information that I had taken last week from the boss's desk and the programming that I illegally 'passed' to my friends from the radio station that competed in rating with ours. He begged me to return them because they had blamed him. I no longer remembered that incident or the place where he had left those papers and I told him. Agustín told me that what he had done was almost a crime and that they could put me in jail for that, that mine was like a disease, I foolishly replied that I had never been caught. When I said that, Agustín asked me, surprised, how was it that I had never been caught, if that meant that he did it often. I was a bit taken aback but then, trying to appear calm, I told him it was a joke. He continued, and even told me that, for that reason, if they didn't put me in jail, at least they could kick me out of work, I replied that the old green tail with the face of a bull dog - referring to our boss - what could he do to me. Agustín thought for a few minutes and then he told me that he was beginning to imagine where I got all those expensive things from, I laughed and was about to confess everything to him, but then I reflected and told him that I would tell him later.

At that moment I realized that the green light on the dash was on, which meant that the operator, who had only been with us for two weeks, had heard everything. The guy looked at us, interested.




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