Estupro. Parte 6 / Statutory Rape. Part 6

Estupro corrió desesperado sin detenerse y desabotonándose el uniforme para no ser descubierto hacia la puerta trasera. Para ese entonces Don Lupe, que estaba en su recámara aún despierto, ya había escuchado ruidos y se disponía a entrar a la casa cuando se topó con él en el jardín. Miró su rostro deforme del miedo y así cruzaron ambos la última mirada. Don Lupe, aún sin comprender y aterrado, trató de voltear hacia atrás para ver lo que sucedía y un tremendo golpe en la cabeza le quitó la vida en ese instante.

En la mansión de los Arias habían transcurrido solo unos minutos en la ausencia del Señor Guillermo y su hijo, así que ni la señora Maricela lo había notado. Dulce María estaba ocupada en la cocina cuando Estupro con aspecto cadavérico, sin camisa y a punto de desvanecerse, entró temblando y se dirigió hacia ella. Todos lo observaron extrañados, pero continuaron sus labores creyendo que era una de sus tantas bromas. Ella lo miró asustada, de un jalón él se la llevó por las escaleras de la puerta de servicio y le dijo: “Estoy en peligro. Vámonos de aquí”. En ese momento, se abrió bruscamente la puerta que daba a la calle, los dos guardaespaldas y los señores Arias lo acorralaron enseguida. El abrazó fuertemente a Dulce María y sólo se escuchó la voz de su amado patrón con un tono grave y amenazante decir: ¡Estupro!

A la mañana siguiente, en una esquina de la Avenida Reforma, un adolescente de unos catorce años gritaba enseñando un periódico en la mano: “¡Extra, extra! ¡La noticia que encabeza todos los periódicos del día! ¡El doble asesinato a sangre fría en la mansión del Señor Sergio Lozano! ¡Extra, extra!”. Un auto deportivo con vidrios polarizados y con placas de Boston, Massachusetts se detuvo frente al voceador. Abrió la ventana eléctrica rápidamente un hombre de unos treinta y tantos años y compró el periódico. Se arrancó sin siquiera recibir su cambio y se detuvo bruscamente en la primera esquina. Con la ventana aún abierta, empezó a leer nerviosamente la noticia:


“Un joven chofer de la familia Arias de apenas dieciocho años, teniendo como cómplice a la encargada de la limpieza de dieciséis años, escapó anoche durante una celebración de la casa del señor Gustavo Arias para forzar la chapa de la entrada trasera de la casa vecina, perteneciente al Lic. Sergio Lozano. Después de allanar la morada, saquearla y estrangular al Lic. Sergio Lozano, respetable y reconocido personaje que ejercía honradamente la carrera de abogado. Los dos asesinos trataron de huir cuando salió al encuentro el señor Guadalupe de Jesús Castañeda, jardinero de la casa. Ambos, al verlo, atestaron tremendo golpe mortal en la cabeza de su segunda víctima dejándolo sin vida…

Minutos después del asesinato y ante la ausencia del señor Lozano, amigo muy querido de la familia Arias e invitado especial a dicha celebración, el Lic. Gustavo Arias decidió ir personalmente a buscarle. En el trayecto, encontró al joven en el acto sexual con la menor de edad en el jardín de la casa vecina. Según sus declaraciones, tenía sangre en ambas manos, aliento alcohólico y estaba fuera de sí. Después de haberlo interrogado por un tiempo, el joven confesó haber planeado y llevado a cabo el asesinato con la complicidad de la joven. Asimismo, ella dijo que había sido forzada a tener sexo con el individuo, por lo que también se ha acusado a este joven de delito de estupro. Los policías de la casa confesaron haber sido engañados por el joven, el cual les ofreció bebidas refrescantes con alcohol y somníferos, por lo que les fue imposible actuar en defensa de la víctima.

Esta noticia a consternado a todo México, y se pide que se tomen las represalias necesarias. Por lo pronto, el joven homicida Mario Estupro Martínez ha sido entregado a las autoridades junto con la señorita Dulce María Ruíz. El primero está sentenciado a prisión y la segunda al reformatorio. Eva Patricia Romero, esposa del Señor Lozano, llegó hoy en la mañana al interrumpir su viaje por Sudamérica para estar presente en el sepelio de su marido.


Estupro.- Acceso carnal de un hombre con una doncella logrado por abuso de confianza o engaño. La edad de la doncella reside entre los doce y veintitrés años, pero varía según los Códigos”.


El hombre en el coche con placas del extranjero aventó el periódico, subió la ventana, dio un vuelco en sentido opuesto rechinando las llantas y desapareció velozmente.

Estupro, con la cara ensangrentada y semiconsciente por la golpiza que había recibido la noche anterior, yacía boca arriba en el helado piso de su celda recordando lo último que había escuchado decir a su patrón: “Recuerda que tienes padres. Recuérdalo bien”. Debilitado y muerto de sed, apenas podía creer que era una realidad lo que estaba viviendo. Sintió un tremendo escalofrío al escuchar que dos individuos se aproximaban a su celda y la abrían. Pensó para sus adentros: “Seguramente otra madriza”. Lo agarraron como trapo entre los dos guardias y lo pusieron de pie. No comprendía por qué lo llevaban rápidamente por el mismo camino que había recorrido horas antes. De pronto, sintió un tremendo empujón y una voz grave le dijo: “Estás en libertad”. Con la poca visibilidad que tenía debido a que sus ojos estaban casi cerrados y tan hinchados como dos pelotas, alcanzó a distinguir a un hombre que lo guiaba cuidadosamente hacia la calle con una cara que le era familiar. El hombre salió con él de la prisión y, dándole un billete de doscientos pesos, le dijo: “Vete a tu casa. Después verás a la muchacha”. El individuo subió a su auto deportivo y desapareció.

Estupro, aún sin comprender nada, se sentó como pudo en las escaleras del exterior de la cárcel, miró boquiabierto el panorama y, por primera vez en su corta vida, empezó a llorar como un niño.



English version:


Estupro ran desperately without stopping and unbuttoning his uniform so as not to be discovered towards the back door. By that time Don Lupe, who was still awake in his bedroom, had already heard noises and was about to enter the house when he ran into him in the garden. He looked at her face deformed with fear and so the last look met. Don Lupe, still without understanding and terrified, tried to look back to see what was happening and a tremendous blow to the head took his life at that moment.

Only a few minutes had passed in the Arias' mansion in the absence of Mr. Guillermo and his son, so not even Mrs. Maricela had noticed. Dulce Maria was busy in the kitchen when Estupro, ghastly looking, shirtless and about to faint, entered trembling and walked over to her. They all looked at him in surprise, but continued their work believing that it was one of his many jokes. She looked at him scared, with one pull he took her up the stairs to the service door and said: “I'm in danger. Let's go from here". At that moment, he abruptly opened the door that led to the street, the two bodyguards and the Arias men immediately cornered him. He hugged Dulce María tightly and only the voice of her beloved employer was heard with a serious and threatening tone saying: Estupro!

The next morning, on a corner of Avenida Reforma, a fourteen-year-old adolescent shouted, showing a newspaper in his hand: “Extra, extra! The news that heads all the newspapers of the day! The double murder in cold blood in the mansion of Señor Sergio Lozano! Extra extra!". A sports car with tinted windows and license plates from Boston, Massachusetts pulled up in front of the speaker. A man in his thirties quickly opened the power window and bought the newspaper. He pulled away without even getting the change from him and stopped abruptly at the first corner. With the window still open, he nervously began to read the news:


“A young driver from the Arias family, barely eighteen years old, having as an accomplice the sixteen-year-old cleaning lady, escaped last night during a celebration at Mr. Gustavo Arias's house to force the plate on the rear entrance of the neighboring house , belonging to Lic. Sergio Lozano. After raiding the house, he looted it and strangled Lic. Sergio Lozano, a respectable and renowned person who was honestly practicing the law profession. The two murderers tried to flee when Mr. Guadalupe de Jesús Castañeda, the gardener of the house, met him. Both of them, upon seeing it, struck a tremendous mortal blow to the head of their second victim, leaving him lifeless ...

Minutes after the murder and in the absence of Mr. Lozano, a very dear friend of the Arias family and a special guest at the celebration, Mr. Gustavo Arias decided to go and find him personally. On the way, he found the young man having sex with the minor in the garden of the neighboring house. According to his statements, he had blood on both hands, alcoholic breath and was beside himself. After questioning him for a time, the young man confessed to having planned and carried out the murder with the young woman's complicity. Likewise, she said that she had been forced to have sex with the individual, which is why this young man has also been charged with the crime of statutory rape (estupro). The police of the house confessed to having been deceived by the young man, who offered them refreshing drinks with alcohol and sleeping pills, making it impossible for them to act in defense of the victim.

This news has shocked all of Mexico, and the necessary reprisals are requested. For now, the young murderer Mario Estupro Martínez has been handed over to the authorities along with Miss Dulce María Ruíz. The first is sentenced to prison and the second to reformatory. Eva Patricia Romero, Mr. Lozano's wife, arrived this morning after interrupting her trip to South America to be present at the funeral of her husband.


Statutory rape (Estupro).- Carnal access of a man with a maiden achieved by breach of trust or deception. The age of the maiden resides between twelve and twenty-three years, but varies according to the Codes ”.


The man in the car with the foreign license plates threw up the newspaper, rolled up the window, rolled over in the opposite direction, the tires squealing, and quickly disappeared.

Estupro, his face bloody and semi-conscious from the beating he had received the night before, lay face up on the frozen floor of his cell remembering the last thing he had heard his employer say: “Remember that you have parents. Remember it well ”. Weakened and dying of thirst, he could hardly believe that what he was experiencing was a reality. He felt a tremendous chill when he heard two individuals approach his cell and open it. He thought to himself, "Surely another madriza." They grabbed him like a rag between the two guards and put him on his feet. He did not understand why they were quickly taking him down the same path that he had traveled hours before. Suddenly, he felt a tremendous push and a deep voice told him: "You are free." With the poor visibility he had because his eyes were almost closed and as swollen as two balls, he managed to make out a man who was carefully guiding him towards the street with a face that was familiar to him. The man left the prison with him and, giving him a two-hundred-peso bill, said: “Go home. Then you will see the girl ”. The individual got into his sports car and disappeared.

Estupro, still not understanding anything, sat as he could on the stairs outside the jail, he gaped at the panorama and, for the first time in his short life, began to cry like a child.




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